Hace 17 años llegó la Cuca a nuestras vidas. Era una perrita pequeña, peluda, una bolita de pelo suave. Nos alegró a todos la vida, ver ese peluche corriendo por la casa, jejeje.
Al poco de cumplir un año quedó embarazada y, el 19 de septiembre dio a luz. Lo hizo en casa, sin necesidad de veterinarios y sin problemas. Todos pudimos contemplar el milagro de la vida. Vimos como llegaban al mundo unos perritos, en ese momento, pequeños, feos y sucios, pero que enseguida su madre se encargó de limpiar y empezó a darles de mamar. Fue un día muy feliz para todos, acabamos de presenciar el milagro de la vida.
Era una maravilla ver a la Cuca cuidando y mimando a sus peques. Nosotros también los mimábamos, jejeje, como no, eran como nuestros hijos. Eran muy glotones y, muchas veces, después de comer se quejaban, los cogíamos y les hacíamos masajes en la tripita, jajaja, entonces se quedaban dormiditos, eso nos hacia sentir bien.
Dos de esos perritos se quedaron en casa, con nosotros y con su madre. La familia había vuelto a aumentar. Eran un macho y una hembra. El macho durante las primeras semanas era negro con una manchita blanca en la frente, le pusimos Negrito. La hembra cuando ya caminaba lo hacia como una señorita, muy coqueta ella, y le pusimos Princesa de nombre.
Eran la alegría de la casa, nunca se separaron, siempre juntos. Los dos hermanos inseparables.
El Negrito era el macho alfa, siempre alerta para defender a sus dos hembras, la Princesa una golfilla, jejeje, provocaba a otros perros y después salía corriendo hacia donde estaba su hermano.
A los diez años el Negrito se puso enfermo, problemas de corazón y otras complicaciones se lo llevaron. Todos lloramos su muerte, para nosotros fue como perder a alguien de la familia pero, la Princesa si que realmente había perdido a alguien de la familia, había perdido a su hermano, con el que siempre había estado, con el que jugaba y el que la protegía de todo. Lo pasó muy mal, a su manera ella también lloraba la perdida. No quería salir de casa, no quería jugar y cuando volvía a casa se volvía loca buscando a su hermano por todo el piso, al no encontrarlo se quedaba triste y no quería ni comer.
Poco a poco todos, Princesa incluida, lo fuimos superando. Nunca nos olvidamos del Negrito pero superamos el dolor de su muerte.
Ayer, 26 de octubre y, casi 6 años después, se nos ha ido la Princesa.
Todo empezó con un resfriado, le diagnosticaron que el corazón le había crecido mucho, empezamos el tratamiento, parecía que mejoraba pero después de una semana de medicación empeoró. Le hacen análisis de sangre y, lo que nos temíamos, se ha complicado todo, tiene afectados hígado y riñones, no podemos hacer nada, la veterinaria nos dice que no hay esperanza.
Llorando como una niña pero con la fortaleza de una mujer adulta, mi hermana toma la decisión más dolorosa, dormir a la Princesa.
No fue un acto de cobardía o de quitarse problemas y gastos de encima, fue un acto de amor, no podía ver como la Princesa moría sufriendo sabiendo que no había esperanza. Mi hermana con el corazón roto por el dolor, pensó en su perrita, a la que tanto ha querido y querrá y le dio un final digno, con el menor sufrimiento posible.
Ella sabia que había llegado el momento de partir, nos lo decía con los ojos, con su mirada le hacia entender a mi hermana que era el momento. Esos ojos que antes habíamos visto llenos de vida y alegría ahora nos estaban diciendo adiós. Eso sí con una paz y tranquilidad que no me lo podía ni creer.
Yo le estuve haciendo reiki mientras estuvo en mis brazos, estoy seguro que le ayude a hacer el camino.
Yo la vi nacer y no podía permitir que se fuese viendo y sintiendo a una persona extraña a su lado. Me quedé con ella hasta el último momento. Se durmió con su carita apoyada en mis manos sin sentir nada. La miraba y parecía que dormía felizmente.
Negrito y Princesa, nunca os olvidaremos. Llenasteis de alegría nuestras vidas, nos disteis todo el amor del mundo, sin pedirnos nunca nada, sin reproches. Nunca olvidaremos la alegría de demostrabais cuando llegábamos a casa, esos ojos llenos de vida y esas ganas de jugar que siempre teníais.
Después de 6 años estoy seguro que volvéis a estar juntos y sois felices. Vuestra madre os echa mucho de menos. Está mayor y se que el día que ella también haga el último camino estaréis esperándola y volveréis a ser una perruna familia.
Nunca os olvidaremos ni dejaremos de quereros, siempre os llevaremos en nuestro corazón.
Hasta siempre.