miércoles, 10 de noviembre de 2010

PERDIDA

Hace más de dos años y medio que perdí a mi padre.
Fue de golpe, sin avisar. Miento, sí que nos avisó. Nos lo dijo sin decírnoslo, igual el no se lo creía o no quería verlo, pero yo sabía que el momento de su partida estaba cerca, muy cerca.
Unos días antes de morir nos dijo, a mi hermana y a mí, que veía gente entrar y salir de casa, que no paraban e incluso le llegaron a decir que una semana estaría todo arreglado. Mi hermana y yo nos miramos incrédulos. No había nadie en casa y no venía nadie, sólo los veía él.
En ese momento no le prestamos más atención al tema pero, al día siguiente, tomando café con mi novio, sin saber muy bien por que, me salieron esta frase, no recuerdo si fueron estas mismas palabras, pero si que fue este el mensaje que salió de mi boca en ese momento "mi padre esta mal, se muere y no pasaran muchos días". No tengo muy claro por que lo dije, no recuerdo ni haberlo pensado antes de ese momento, pero estaba convencido de lo que decía.
No me equivoqué, esa conversación la tuve el lunes y el sábado por la mañana mi padre moría. El tenía razón, no estaba loco, veía gente en casa, eran los que venían a buscarlo para acompañarlo en su último viaje.
Después de tanto tiempo, después de haber llorado mucho su perdida, pensaba que lo había superado. Sí, claro que le echo de menos y que me acuerdo mucho de él pero acepto la muerte como parte de la vida, para mí no es un adiós definitivo, sino un hasta luego, hasta que me llegue a mí la hora y nos volvamos a encontrar, como seres desencarnados o como personas en otra vida.
Pero hoy, 10 de noviembre de 2010, arreglando mi "altar" donde tengo, entre otros, el recordatorio de mi padre, y al colocarlo se me llenaron los ojos de lagrimas. Me entraron una ganas de llorar como hacia tiempo que no tenía, una pena inmensa me llenó el pecho. Era como volver a vivir la perdida de mi padre.
No entendí ese dolor, después de tanto tiempo. He pasado la tarde fatal, con ganas de llorar toda la tarde, incluso me he tenido que ir a la sala de dentro, y a solas, sin que nadie me pudiese ver he llorado como un niño, con un dolor increíble.
No se que me pasa, al llegar a casa sigo igual e incluso vuelvo a llorar al meterme en la cama.
Los días pasan y yo sigo triste, como deprimido. He vuelto a sentir la perdida de mi padre.

YO SOY YO

Otra buena amiga me ha enviado esto y yo quería compartirlo.

Un día, frente al espejo, vi mi imagen reflejada.
Le pregunté quien era, y su respuesta fue mi pregunta.
Tenía mi mismo gesto, lucía mi mismo rostro,
sentía míos sus ojos, incluida su tristeza.
Le volví a preguntar, y obtuve la misma respuesta.

¿Quien eres? ¿Por que me miras?
Siendo yo quien me miraba...
¿Hay pregunta más sorda, que el que pregunta a un reflejo?
La hay, yo fui testigo, pues tras mucho discurrir, pregunté,
¿Por que no contestas?

Cerré los ojos para no verla, dejar así la pregunta,
y curiosamente obtuve, en el silencio, la respuesta.
Yo soy yo, no mi reflejo, ni la imagen que represento.
Yo soy yo, poco o mucho, yo soy lo que me siento.
Yo no soy con quien me comparo, soy yo en mi compañía.

Al abrir los ojos, otra sorpresa,
la imagen triste de antes, había desaparecido,
ahora una sonrisa, mi reflejo regalaba,
a esta boba encandilada, a quien le encanta ser ella misma,
por muchas preguntas tontas que se haga.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

DE UNA AMIGA

Esto me lo escribió una amiga, también para mi 33 aniversario.
Hace mucho tiempo que nos vemos, se que ha sido madre y desde aquí le envío un fuerte abrazo.

Otro otoño más,
disfrutando del sendero
con una mochila llena de historias
y un futuro lleno de sueños.

Cada paso es un nuevo día,
cada flor un nuevo amanecer,
respira los colores de la mañana
y no temas nunca del anochecer.

Otro otoño más,
el mismo que te vio nacer.

DE UN AMIGO

Un amigo me escribió esto cuando cumplí 33 años.

Deja que la luz del sol
ilumine tú rostro.
Deja que la vida te acompañe
por donde tú quieras.

No dejes que nadie ensucie tu alma
y si alguien se atreve
dale un portazo
y sigue tu camino....

...junto a quien tu elijas.

Ha llovido mucho desde entonces, los dos hemos cambiado y hemos crecido como personas y, aunque no nos vemos mucho, siempre está conmigo. Un abrazo Alex.



miércoles, 27 de octubre de 2010

Mascotas

Hace 17 años llegó la Cuca a nuestras vidas. Era una perrita pequeña, peluda, una bolita de pelo suave. Nos alegró a todos la vida, ver ese peluche corriendo por la casa, jejeje.
Al poco de cumplir un año quedó embarazada y, el 19 de septiembre dio a luz. Lo hizo en casa, sin necesidad de veterinarios y sin problemas. Todos pudimos contemplar el milagro de la vida. Vimos como llegaban al mundo unos perritos, en ese momento, pequeños, feos y sucios, pero que enseguida su madre se encargó de limpiar y empezó a darles de mamar. Fue un día muy feliz para todos, acabamos de presenciar el milagro de la vida.

Era una maravilla ver a la Cuca cuidando y mimando a sus peques. Nosotros también los mimábamos, jejeje, como no, eran como nuestros hijos. Eran muy glotones y, muchas veces, después de comer se quejaban, los cogíamos y les hacíamos masajes en la tripita, jajaja, entonces se quedaban dormiditos, eso nos hacia sentir bien.

Dos de esos perritos se quedaron en casa, con nosotros y con su madre. La familia había vuelto a aumentar. Eran un macho y una hembra. El macho durante las primeras semanas era negro con una manchita blanca en la frente, le pusimos Negrito. La hembra cuando ya caminaba lo hacia como una señorita, muy coqueta ella, y le pusimos Princesa de nombre.

Eran la alegría de la casa, nunca se separaron, siempre juntos. Los dos hermanos inseparables.
El Negrito era el macho alfa, siempre alerta para defender a sus dos hembras, la Princesa una golfilla, jejeje, provocaba a otros perros y después salía corriendo hacia donde estaba su hermano.

A los diez años el Negrito se puso enfermo, problemas de corazón y otras complicaciones se lo llevaron. Todos lloramos su muerte, para nosotros fue como perder a alguien de la familia pero, la Princesa si que realmente había perdido a alguien de la familia, había perdido a su hermano, con el que siempre había estado, con el que jugaba y el que la protegía de todo. Lo pasó muy mal, a su manera ella también lloraba la perdida. No quería salir de casa, no quería jugar y cuando volvía a casa se volvía loca buscando a su hermano por todo el piso, al no encontrarlo se quedaba triste y no quería ni comer.

Poco a poco todos, Princesa incluida, lo fuimos superando. Nunca nos olvidamos del Negrito pero superamos el dolor de su muerte.

Ayer, 26 de octubre y, casi 6 años después, se nos ha ido la Princesa.
Todo empezó con un resfriado, le diagnosticaron que el corazón le había crecido mucho, empezamos el tratamiento, parecía que mejoraba pero después de una semana de medicación empeoró. Le hacen análisis de sangre y, lo que nos temíamos, se ha complicado todo, tiene afectados hígado y riñones, no podemos hacer nada, la veterinaria nos dice que no hay esperanza.
Llorando como una niña pero con la fortaleza de una mujer adulta, mi hermana toma la decisión más dolorosa, dormir a la Princesa.

No fue un acto de cobardía o de quitarse problemas y gastos de encima, fue un acto de amor, no podía ver como la Princesa moría sufriendo sabiendo que no había esperanza. Mi hermana con el corazón roto por el dolor, pensó en su perrita, a la que tanto ha querido y querrá y le dio un final digno, con el menor sufrimiento posible.

Ella sabia que había llegado el momento de partir, nos lo decía con los ojos, con su mirada le hacia entender a mi hermana que era el momento. Esos ojos que antes habíamos visto llenos de vida y alegría ahora nos estaban diciendo adiós. Eso sí con una paz y tranquilidad que no me lo podía ni creer.

Yo le estuve haciendo reiki mientras estuvo en mis brazos, estoy seguro que le ayude a hacer el camino.

Yo la vi nacer y no podía permitir que se fuese viendo y sintiendo a una persona extraña a su lado. Me quedé con ella hasta el último momento. Se durmió con su carita apoyada en mis manos sin sentir nada. La miraba y parecía que dormía felizmente.

Negrito y Princesa, nunca os olvidaremos. Llenasteis de alegría nuestras vidas, nos disteis todo el amor del mundo, sin pedirnos nunca nada, sin reproches. Nunca olvidaremos la alegría de demostrabais cuando llegábamos a casa, esos ojos llenos de vida y esas ganas de jugar que siempre teníais.

Después de 6 años estoy seguro que volvéis a estar juntos y sois felices. Vuestra madre os echa mucho de menos. Está mayor y se que el día que ella también haga el último camino estaréis esperándola y volveréis a ser una perruna familia.

Nunca os olvidaremos ni dejaremos de quereros, siempre os llevaremos en nuestro corazón.

Hasta siempre.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Reflexión

Hace casi dos años que murió mi padre, ahora, mi madre se nos está yendo. En poco mas de tres semanas el bajón que ha sufrido es increíble. En año nuevo estaba bien, comió con nosotros y todo genial, una semana después casi no entendíamos lo que decía, se pasa mucho tiempo como ida, como en otro mundo. Se olvida de las cosas, habla sola, se tira por los suelos y intenta coger cosas que sólo ella ve.

Que duro es ver a tu madre así, casi como una niña pequeña y hacerte a la idea de que se va. De que ha empezado su viaje sin retorno y que cualquier día se despedirá de nosotros para siempre.
Sí, se que es ley de vida, que nuestro viaje empieza el día en que somos concebidos, sí, en ese mismo instante empezamos nuestro camino en esta vida hacia la muerte. Toda la teoría la conozco muy bien, pero cuando se trata de tu madre, de ver como cada día va perdiendo algo, que a cada momento va desprendiéndose de algún recuerdo, palabra, sensación, que llega a ver cosas que no son, que sólo ve ella, la teoría no sirve para nada. Sabes que no puedes hacer nada, lo único, estar cerca de ella e intentar que se sienta bien.

Sabes que sus fuerzas se están acabando, que no tiene ánimos para seguir luchando y eres consciente que sus días se acaban. Que su paso por este mundo llega a su fin. Eso duele, y mucho. Te sientes impotente, viendo como se va apagando y que no puedes hacer nada por evitarlo. Llegados a este punto, lo único que puedo hacer es darle cariño y rogar para que el fin de su viaje sea lo más plácido posible.

Sólo puedo pedirle a Dios, si es que existe, que no deje que mi madre pase el final de sus días sufriendo de dolor, atada a una silla o sedada para protegerla de ella misma. Ya ha tenido bastante sufrimiento en esta vida, que por lo menos se vaya consciente, sabiendo que sus hijos estamos a su lado, que la queremos y que nunca la olvidaremos.

Empece a escribir esto hace unos cuantos meses pero no lo llegué a colgar. Ahora lo actualizo para publicarlo.

Mi madre sigue adelante, con sus días de dolor y con sus visiones.

A veces me río, cuando la escucho. Dice que ha salido de la residencia, que se ha encontrado con mi abuela y que le pedía las llaves de casa, algo imposible ya que murió hace más de 13 años. Muchas veces pienso que mientras vive en ese mundo imaginario, real para ella, pues no sufre, no siente dolores, no le afecta el parkinson y es feliz, pero en el fondo me duele. Me duele ver a mi madre así, como una niña que dice tener amigos imaginarios.

Así es la vida. Cuando somos peques vemos cosas que nadie ve, necesitamos tener a alguien a nuestro lado que nos cuide y, cuando nos hacemos mayores volvemos a esa niñez. Al final volvemos al inicio, al principio de nuestra vida. Nacemos indefensos y muchas veces llegamos a la muerte igual.